Si, colchoneta, y encima no de esas normales azules y rojas de toda la vida, no, las más horteras que te puedas imaginar. El otro día me encontré uno.
El flotador empezaba a agrandarse contando que había nacido en Villaverde, que procedía de una familia humilde, y que ahora vivía solo en Príncipe Pío. Se infló un poco más al segundo, cuando dijo que le gustaba ir los sábados por la mañana a nadar contracorriente en una zona de un río cuyo nombre no recuerdo. Siguió con el deporte, y a la vez creciendo , habló de lo mucho que le gustaba andar en bici, que le encantaba ir los fines de semana por la montaña. Su colega sólo asentía con la cabeza, cual perrito de atrás de los Ford Sierra.
“ Pinimini Pinimini Piniminimiii”, eran sus tíos “hola tía! Si, tengo pronto vacaciones, si…iré a visitaros….en el tren…acabo de salir del curr…del hospital en el que trabajo”. Ya era una colchoneta. Empezábamos a estar un poco más apretujados en esos cuatro asientos. Mientras, que la colchoneta le contaba al perro que había estado en una manifestación en pelotas andando en bici por Madrid. ( miré a la bici, le miré a él, volví a mirar la bici, a la ventana mejor Miriam!) Siguió perdiendo aire y ganando volumen, dijo que había sido muy interesante y que las mujeres iban en “tanguita”, que lo mejor era ver a una tía desnuda, que le encantaban las curvas….Próxima parada Príncipe Pío.
Las colchonetas que se quieren vender tienen más éxito en los sitios de playa.
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