martes, 25 de enero de 2011

martes

Y entonces es cuando un martes soleadamente frío te replanteas otra cosa diferente al sentido de la vida, que después de ser la pregunta del millón de suicidas valientes y también de acojonados, carece de respuesta emocionante y metafísica. Te replanteas el porqué de los símbolos curvados que transforman una simple frase en un arma precisa que obliga a abrir la boca y a contestar, aunque sea a ti mismo.

Y es que en un martes soleadamente frío hay que mandar a la mierda los replanteos, las preguntas y las respuestas.

Y es que en un martes soleadamente apetece escuchar al Sol trabajando, en silencio.

¡En un martes soleadamente frío!

“Por eso hay que casarse un martes, porque así no te replanteas preguntas que se sellan con monosílabos”

No hay comentarios:

Publicar un comentario